Presentemos a Dios nuestras ofrendas
Al recibir la sagrada comunión,
tú participas en la santa misa.
Y la misa es el sacrificio de Jesús.
Cuando Jesús murió en la cruz,
Él ofreció el sacrificio de su vida.
Y les mandó a los apóstoles que renovaran
su sacrificio con nosotros en la santa misa.
Ahora nosotros, para unirnos al sacrificio de Jesús,
le ofrecemos a Dios en la misa toda nuestra vida...
Y, como un signo de nuestra vida,
le presentamos el pan y el vino
que servirán para su sacrificio.
Cuando subas al altar, para ofrecer el pan y el vino
piensa que le estás ofreciendo a Dios toda tu vida...
-Tus pensamientos y deseos.
-Tus palabras y silencios.
-Tu amor a Dios y al prójimo.
-Tus actos de piedad y de obediencia.
-Tus pequeños sacrificios.
-Y todos tus gozos y alegrías.
(p.25)
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